miércoles, septiembre 29, 2004

Gersen miró un rostro y después el otro, desde Detteras hasta Warweave.
-¿Se ha establecido ya quién de ustedes apoyó la exploración de Teehalt?
-¿Qué importa eso? -respondió Warweave-. Su interés por el dinero es evidente. -Y miró a sus colegas-. Cualquiera que haya sido no quiere descubrirse. De todos modos sepa que la situación continúa siendo la misma.
-Es algo que no tiene importancia -intervino Detteras-. Vamos, señor Gersen, hemos decidido hacerle una oferta sustanciosa...
-¿Cuánto?
-Unos cinco mil UCL.
-Ridículo. Se trata de un mundo excepcional.
-Usted no lo conoce -señaló Warweave-. No estuvo allí, o así nos lo dijo.
-Ustedes ya vieron las fotografías -replicó Gersen.
-Exactamente -respondió Kelle-. No hemos visto nada más. Las fotografías pueden trucarse. Estoy en contra de pagar nada sólo a la vista de las fotografías.
Y la discusión continuó durante una hora con Gersen cada vez más impaciente. Se acordó depositar 100,000 UCL como garantía de la operación y precio de la venta una vez consideradas las características del mundo en cuestión.
Concretada la operación, se llamó a la Oficina de Acciones y Contratos de Avente y los cuatro hombres se identificaron. El contrato se redactó legalmente. Una segunda llamada al Banco General de Alphanor estableció el aval.
Los tres administradores se retreparon en sus asientos inspeccionando a Gersen quien, a su vez, escrutaba a cada uno con la mayor atención.
-Iré -dijo Warweave-. Tendré un verdadero interés en ir personalmente.
-Yo estaba a punto de ofrecerme voluntario también -insinuó Detteras.
-En tal caso -dijo Kelle-, yo podría acompañarles en el viaje. Ya estoy demasiado comprometido para cambiar de idea.
Gersen sintió una profunda frustración. Había esperado que Malagate -quienquiera que fuese de los tres-, se hubiera ofrecido espontáneamente de una forma que le hubiera desenmascarado. Todos sus planes habían caído por la borda. Si los tres iban al planeta de Teehalt, la identificación de Malagate tendría que depender de nuevas circunstancias. Y mientras, la suerte de la pobre Pallis tendría que aguardar.

Jack Vance "El rey estelar"